El artista asturiano regresa en julio a Santiago y regiones con “Vivir para cantarlo”, el tour con el que sube a escena en solitario después de una década. Más de 100 conciertos suma “cantándole al oído a cada espectador” y comentando sobre canciones “que te hicieron entrar en charcos horrorosos”.
Tuvieron que pasar más de 10 años para que Víctor Manuel volviera a salir en solitario a escena. Después de varias giras con su mujer, Ana Belén, y con grandes amigos (todos joyas de la música hispana), el asturiano se decidió a presentar “Vivir para contarlo”. En febrero de 2009 abrió la gira de conciertos con el que repasa 40 años de trayectoria. Pensó que iba a estar un par de meses, y aquí lo tenemos, dos años después y 112 presentaciones.
El 13 de julio debutará en Punta Arenas, antes de pasar por los Enjoy de Viña del Mar (15), Coquimbo (16) y Antofagasta (17) y terminar su paso por Chile en Santiago, el 20 de julio en el Teatro Caupolicán.
“La verdad es que, afortunadamente, se me fue de las manos. Yo siempre les digo a mis amigos: Nunca he tenido tanto éxito en mi vida, esta sensación de acertar tanto como con este concierto”, señala al teléfono desde España.
“Lo disfruto mucho. Es muy diferente a todo lo que han visto. Es un concierto hablado”, anuncia sobre su “biografía de las canciones”. “Por qué uno hace una canción inconveniente y a veces una que te procura muchísimo éxito. En muy pocas ocasiones se cuentan estas historias. Mirarlas a la distancia te hace valorarlas… Incluso a esas canciones que te hicieron entrar en charcos horrorosos”.
Es un concierto muy íntimo. Casi teatral. “Muy artesanal. Muy cercano. Se me ocurrió el primer día, cuando la gente no se quería ir del teatro. Desde ese día decidí bajarme yo y salir con ellos”.
Lo que hace es “tocar a la gente con la mano”. Lo que registró en un CD y DVD que espera editar enChile a fin de año (Sony Music lanzó “No hay nada mejor que escribir una canción”, en 2008).
—¿Cómo logras volver a emocionarte con canciones que has cantado cientos o miles de veces?
—Cada día es diferente. Siempre hay añadidos. Hay situaciones que he pasado en Chile que no me han pasado en ningún otro lugar del mundo. El sábado pasado canté en Gijón, Asturias, y no alcancé a empezar y me estaba poniendo a llorar. ¡No es posible!… “Que me perdonen Uds. que vengo excesivamente blando…”.
“En ese entonces yo pololeaba con una chilena…”
Imposible no evocar canciones como “Quiero abrazarte tanto”, “¡Ay! Amor”, “Cómo voy a olvidarme”, “La puerta de Alcalá” o “Sólo pienso en ti”. “Todo eso para mí está vivo. Hace menos de un año me encontré con los protagonistas de esa canción”. Hasta el Pirineo aragonés llegaron Lucy y Antonio, dos discapacitados psíquicos que lucharon por su matrimonio en la década de los 70. “30 años después de que los conocí, viven ahí mismo. Como cualquier matrimonio, que cuando se enfada se mandan a la mierda”.
En 1971 aterrizó en Chile Víctor Manuel para el Festival de Viña, cuando sonaba “Quiero abrazarte tanto”. “En ese entonces yo pololeaba con una chilena, ¡hice viajes desesperados Madrid-Santiago durante algún tiempo!”, dice riéndose. ¿Conocida? “¡Qué bah! Una estudiante de ballet, maravillosa”.
Recuerda con emoción pasajes como ese y otros como su show para el plebiscito del 88 o el del homenaje a Allende, el 2008. “Siempre con amigos que me han arropado y protegido, me he sentido siempre muy feliz allá”.
Vuelve con Ana Belén el 2012
Esta vez presentará en el piano a David, su hijo de 34 años, músico y compositor de teatro y cine también. “Es estupendo, como es tan exigente, no se le pasa ni una. Es de la escuela de la madre. No te deja hacer cosas sólo por hacerlas, lo que para mí es fantástico”, comenta orgulloso.
Casi inevitable tener a la familia en el escenario. “Es una suerte. Hay un territorio en común donde es fácil entendernos, aunque después cada uno es de su padre y de su madre, ¿no?”.
Es por eso también que volverá pronto a trabajar con su mujer. Sigue siendo inevitable que en todas partes le pregunten por ella. “Inevitable. Y lo bueno de eso es que cuando uno va solo a un sitio, siempre piensan que estamos juntos. Uno puede esconderse… Ana está preparando su nuevo disco y haciendo una gira con Rosa Torres Pardo, «La vida rima», un espectáculo bellísimo. Estará en esto por lo menos hasta Navidad. Después sí planearemos algo para el año que viene”.
Ellos son una pareja emblemática en España. Para el primer concierto de la gira, las cámaras de TV los siguieron varias cuadras mientras Ana caminaba con un ramo de flores.
“Para mí salir solo era un reto, entré en una edad en la que hay que probar si uno sigue sabiendo hacer este oficio. Seguir haciéndole creer a la gente en lo que tú crees”.
Claramente podía sentir que le faltaba un pedacito suyo en el escenario. “Siempre me falta. Cantar con Ana es muy cómodo. Ella es tan fuerte, tan estupenda, que puedo desaparecer en un momento determinado.
Cantando solo no tengo escapatoria. No tengo tiempo ni de beber agua”.
—¿Cómo logran mantenerse juntos? Dicen que no funciona mezclar el trabajo con el amor. Y son mas de 40 años de carrera…
—…Y 38 años de matrimonio. Bueno, supongo que porque nos queremos. Y también porque ni Ana ni yo somos competitivos. Ni entre nosotros ni con los demás. Cada uno tiene su espacio y lo que procura es ayudar al otro en su trabajo. A partir de allí viene un terreno donde es muy fácil entenderse. Lo demás es la vida. Con mucho tiempo también en solitario.
—No debe ser fácil.
— Hemos escapado muchísimo de la cámara encima. Con mucho esfuerzo. Efectivamente, se han entrometido muchísimo en nuestra vida. Pero tampoco hemos traficado nunca con eso. Nunca vendimos un reportaje, ni nada. Eso te da una distancia con cierto tipo de prensa. Finalmente, nos respetan.
—¿Tendrás tiempo para pasear en Chile ?
—Suficiente con dormir, cantar, comer algún marisquito, ver a los amigos y hablar muy bajito para no gastarme mucho. Tendré un trabajo duro en esos días.
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